Sexo en vuelos de alto standing

Palabras tiznadas, por Alexandra

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Hace unas semanas, escribí un artículo, sobre las aventuras y desventuras de una descarada conejita de playboy. Contaba en un libro, su vida sexual en la mansión del afamado abuelete.
Por estas fechas, otra fresca desvergonzada, coge papel y boli, y cuenta sus experiencias profesionales como azafata de vuelo en una compañía de alto standing. «Cobin Fever: The sizzling secrets of a Virgin air hostess»

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Esta compañía británica, tuvo el lema de, “ lo que pasa en el cielo se queda en el cielo”. Hasta que esta cabinera, ha decidido contar lo que ocurre entre alguna gente famosa y millonaria en los aviones de lujo.

Mandy Smith detalla en su obra, como se lo montaba ella y sus compis con un equipo de Rugby en un jacuzzi, en hoteles de lujo, o en la mansión del dueño de la compañía. •Nunca he visto tanto champán junto en mi vida. “Me mantuve en pie durante 24 horas gracias al vodka y una bebida energética.”
“Tenía un hombre en cada puerto y no desaproveché una sola ocasión de divertirme. Me emborrachaba, salía con chicos y dormía en hoteles de cinco estrellas”. En la ‘business class’ no solo sirven cubatas gratis; parece que hay otro tipo de extras. «Mi maleta estaba más preparada para una reunión de tupper-sex que para viajar». Y si en alguna ocasión alguno quería algo más, Smith casi siempre se mostraba dispuesta: «Robbie Williams me pidió un pijama y terminé ayudándole a quitarse sus vaqueros».

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Según la azafata, se cumplían todas las normas estrictas en pleno vuelo. “En el momento en que apagábamos las luces, algunos pasajeros comenzaban a masturbarse sin ningún pudor…”.
«Con frecuencia, me tocaban el culo cuando pasaba a cerrar los compartimentos de las maletas»
No obstante, explicaba que “tenemos códigos estrictos de conducta y sólo conozco a una chica que fue despedida por hacer el amor con una celebridad, y ya tenía fama por ese tipo de comportamiento”.

Smith explica que es tristemente habitual que algunos pasajeros pidan sentarse al lado de otra persona por razones racistas, especialmente en el trayecto entre Londres y Johannesburgo (Sudáfrica). En dicho caso, la azafata solía ofrecer al hombre que había sido discriminado un asiento mejor, para que el otro “se sintiese como basura, que es como debería sentirse”.

En las rutas de la empresa aeronáutica Virgin Atlantic, viajaban famosos de los que algunos quedan señalados por Mandy y la mayoría han sido retocados para respetar su privacidad. Lo que no cuenta será posiblemente lo más jugoso, pero tratándose de multimillonarios y gente poderosa, le habrán vuelto a meter algo en la boca, para tenerla contenta. “De la misma forma que te terminas inmunizando al jet lag también te acabas acostumbrando a la jet set…”

El libro termina con una frase de alivio, ( al fin en casa), pero parece ser, que alguien la ha animado a escribir la segunda parte, de la que imagino,  no hablará de quien no deba, y habrá un poco más de lo mismo. Segundas partes nunca fueron buenas.

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Ya saben ustedes, ¿cuál es el animal que vuela más alto?, el conejo de la azafata.

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Autor: admin

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