Sexo en Rio, olimpiadas para las putas

Palabras tiznadas, por Alexandra

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Recientemente han terminado los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, un espectáculo en el que la élite del deporte mundial ha competido por la gloria personal y nacional, manteniendo a buena parte de los medios de comunicación y de la opinión pública pendiente de cada prueba superada, cada posición arrancada y cada medalla sumada al palmarés bajo la bandera correspondiente.

Pero no todos los participantes de los Juegos Olímpicos han estado pendientes precisamente de las pruebas y el cronómetro, y no ha sido ni el oro, ni la plata, ni el bronce, el metal que más ha cambiado de mano tras los focos y las cámaras, en las calles de la ciudad alrededor de la Villa Olímpica y en los alojamientos de los deportistas, sino los euros y los dólares.

En Brasil la prostitución es un negocio perfectamente legal y regulado, y cualquier persona mayor de 18 años es perfectamente libre de dedicarse a ella o contratar los servicios de prostitutas y escorts. De hecho, las administraciones locales se han volcado en este tipo de servicios de cara a los Juegos, limpiando y habilitando zonas de Río como Villa Mimosa, cerca del gran estadio Maracaná, y en Copacabana, donde las prostitutas se concentraron de cara a los Juegos y pudieron hacer su trabajo con una gran seguridad, ayudadas por las comitivas de extranjeros en busca de diversión al margen del deporte e incluso recibiendo clases de inglés por parte de asociaciones benéficas y oficiales.

La prostitución es muy mayoritariamente femenina, y las prostitutas componen un grupo muy heterogéneo, con muchas diferencias raciales, de educación y de status social.

Muchas de las prostitutas más cotizadas rondan los 23-24 años, tienen estudios universitarios o los cursan en este momento, hablan inglés decentemente y se dedican a esto para conseguir dinero en una economía muy deprimida, como un trabajo perfectamente legal y reconocido. La mayoría de ellas son de la propia Río de Janeiro y están acostumbradas a una vida urbana y en buena medida cosmopolita, con lo que les resulta fácil tratar con turistas extranjeros.

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Evidentemente también hay prostitutas que se dedican a ello por una necesidad mayor, normalmente mujeres pasados los 30 con algún familiar o hijos a su cargo. El Observatorio para la Prostitución de la ciudad de Río ha registrado algunos testimonios, como el de prostitutas locales que aseguran que su clientela seguirá siendo sobre todo de la clase obrera brasileña y no subirán las tarifas por los Juegos, o de mujeres que han venido desde más de 100 kilómetros a la redonda hasta la ciudad de Río llamadas por el dinero europeo y norteamericano, aunque no se dediquen a la prostitución en sus pueblos.

Podemos hacernos una idea de la extenuante labor que han tenido por delante estas mujeres con una cifra: 450.000 preservativos se han repartido entre las delegaciones de deportistas presentes en los Juegos. Esto es más de 80 preservativos por cabeza para 19 días de competición. Así no extraña que más de uno llegase a las pruebas deshidratado.

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Teniendo en cuenta que sólo el 10% de los deportistas ha competido con opciones de medalla, el resto ha tenido mucho tiempo libre y seguramente se lo han pasado en grande dentro y fuera de la Villa Olímpica. Alguno quizás haya batido algún que otro récord encima de una cama.

El tema sigue siendo un tabú entre los deportistas, pero probablemente la celebración de los Juegos en un país como Brasil y en una ciudad como Río de Janeiro, donde el sexo y el disfrute están totalmente aceptados, con un sector de la prostitución dinámico y visible, haya contribuido a disipar un poco el secretismo en torno a este tema.

Lo que está claro es que muchos otros países que se dicen “del primer mundo” tienen mucho que aprender de Brasil en asuntos como la prostitución, un sector necesario con trabajadoras que ofrecen sus servicios a sus clientes de forma abierta, regulada y protegida, y no perseguida por las administraciones.

Autor: admin

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