Prostitutas Playboy, conejitas busca tesoros

Palabras tiznadas, por Alexandra

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En estos días saldrá un libro autobiográfico de una de las conejitas Playboy. «En la madriguera del conejo: aventuras y desventuras de una conejita Playboy». La pava en cuestión se llama Holly Madison. Una guapa rubia, con medidas perfectas y ambiciones a millonaria. En donde explica al mundo entero y verdadero, lo mal que lo pasó en la mansión del dueño, de la famosa revista erótica. Otra más, una de tantas, que ha visto la luz divina y el arrepentimiento sincero. No se piensen ustedes que era todo tan divertido, dice la coneja. Ahí nos obligaban a tener relaciones sexuales con él. Ohh sorpresa. “Cuando por primera vez se inicia su novia principal, ella le tiene que hacer sexo oral, luego tiene relaciones sexuales con él. Sin protección y sin pruebas. A él no le importa”

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Fue escalando posiciones en el ranking de coneja oficial, hasta que llegó a conseguir ser la novia de Hugh. Y un buen día, se dio cuenta de que era un objeto sexual del millonario, que todo había sido mentira, que no la quería, que también había hecho el amor con otras cientos de mujeres como ella y que lo seguiría haciendo hasta el fin de su promiscua vida. Perra vida.
´Aprendí que Hef era un manipulador y que la mayor diversión de Hugh era hacernos conspirar las unas contra las otras para que nos peleáramos´
En la mansión, siempre con legiones de mujeres muy vivas, planean como buitres en espera de la vieja y moribunda carne del magnate. Un pellejo orgánico a quien poder dar el bocado definitivo. Lo malo para esas buitres, es que el entrañable ancianito, se debe de meter viagra por vena, y el cabrón no quiere morirse para dejar su herencia. El abuelo cebolleta, no quiere dejar esta vida de mujeres, lujo y fiestas. Quizás no sea tan adorable como todas se piensan. Porca miseria.

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“Todo el mundo piensa que la puerta de metal infame, estaba destinada a mantener a la gente fuera. Pero llegué a sentir que estaba destinada a encerrarme”.
Para expiar sus culpas, y en su recogimiento más espiritual, la señora ( que ya tiene pareja formal e hija ), le saca un libro al bueno de Hef, para llevarse unos buenos dólares, y en el que lo pone de vuelta y media. Imagino al millonario descojonándose de la risa, con su gran puro en la comisura de la boca y exclamando, maldita coneja.

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Autor: admin

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